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lunes, 20 de junio de 2016

Una lección de J. K. Rowling


Por Manuel Hinds/
Manuel Hinds es economista y consultor económico. Fue ministro de Hacienda de El Salvador entre 1994 y 1999. Se le considera el padre de la dolarización, pues fue quien propuso la idea en su país. Es autor de Playing Monopoly with the Devil: Dollarization and Domestic Currencies in Developing Countries (Yale University Press, 2006) y co-autor con Benn Steil de Money, Markets and Sovereignty (Yale University Press, 2009). Hinds también es columnista de El Diario de Hoy, de El Salvador. En 2010 obtuvo el Premio Hayek, del Manhattan Institute.


J. K. Rowling, la creadora de Harry Potter, dijo hace unos meses que Donald Trump es peor que Lord Voldemort, el villano de sus libros. La ocasión fue en diciembre del año pasado. Trump dijo que no permitiría la entrada de musulmanes en Estados Unidos. La BBC (la radio nacional del Reino Unido) dijo entonces en un tuit: "Es por eso que la gente está llamando Lord Voldemort al hombre de negocios norteamericano, Donald Trump". Ella entonces contestó: "¡Que horrible! Voldemort no era ni de cerca tan malo".

En los meses transcurridos desde entonces, en los que Londres eligió su primer alcalde musulmán, ella no ha cambiado su opinión sobre Trump. Pero, en unas declaraciones citadas por Vanity Fair, ella reafirmó los ideales que han dado su grandeza a Gran Bretaña, separando claramente su disgusto con alguien (Trump en este caso) de su firme creencia de ese alguien debe ser libre para decir lo que quiera. En una reunión de literatos en New York, ella dijo lo siguiente:

"La intolerancia de puntos de vista alternativos se está extendiendo a lugares que a mí, una moderada y una liberal, me hacen sentir muy inconfortable. Hace sólo un año vimos una petición en la web para prohibir la entrada de Donald Trump al Reino Unido. Tenía medio millón de firmas (...) Yo siento todo lo que el señor Trump dice es objetable. Lo considero ofensivo y fanático. Pero él tiene mi apoyo total para venir a mi país y ser ofensivo y fanático aquí. Su libertad de expresión protege mi libertad de llamarlo a él fanático. Su libertad garantiza la mía".

Luego de esas palabras, que muestran por qué es una gran escritora, ella remató el punto de esta manera: "A menos que tomemos una posición absoluta sin excusas, habremos puesto nuestros pies en un camino que tiene solo un destino. Si mis sentimientos ofendidos pudieran justificar una prohibición a que Donald Trump entre al Reino Unido, yo no tendría base moral para argüir que los que se ofenden por el feminismo, o por los derechos de los transexuales o por el sufragio universal no deben oprimir a los que hacen campañas por esas causas. Si tú buscas la remoción de los derechos de tus oponentes simplemente porque ellos te han ofendido, tú has cruzado la línea que lleva a tiranos que aprisionan, torturan y matan exactamente con la misma justificación".

Esta manera de pensar también es típica de Estados Unidos y, en general, de todos los países desarrollados, que son todos democráticos. George Washington, uno de los padres de los Estados Unidos, dijo algo similar a lo que dijo J. K. Rowling: "Si la libertad de expresión se pierde, podremos ser guiados tontamente y en silencio como ovejas al matadero". Harry Truman, presidente de Estados Unidos, dijo en 1950: "Una vez un Gobierno se compromete con el principio de silenciar a la oposición, sólo tiene un camino a seguir, y ese es el sendero de medidas cada vez más represivas, hasta que el gobierno mismo se convierte en una fuente de terror para todos sus ciudadanos y crea un país donde todos viven apresados por el miedo".

Estas son lecciones que debería de aprender el gobierno del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) en El Salvador, que ha manifestado muchas veces su deseo de cortar la libertad de expresión y lo están tratando de hacer con la Ley de Telecomunicaciones. Además, los del FMLN consideran que cualquier crítica es evidencia del deseo de darles un golpe de Estado. Es al revés. Lo que es traición es no hacer críticas. Deberían de leer a Theodore Roosevelt, que fue presidente de Estados Unidos en la primera década del siglo XX. Él dijo: "Anunciar que no debe haber críticas al Presidente, o que tenemos que estar del lado del Presidente, esté correcto o equivocado, no sólo es antipatriótico y servil, sino también es una traición moral al pueblo norteamericano".

Lo que dijo J. K. Rowling es también una lección para el pueblo, que no puede permitir que se le quiten sus derechos. Como dijo el escritor inglés Neil Gaiman: "… porque si tú no defiendes las cosas que no te gustan, cuando vengan por las cosas que te gustan ya estarás perdido".

Los del gobierno deberían recordar también que, como se probó con el caso de Karl Marx en Inglaterra, la libertad de expresión es la muestra más grande de fortaleza. Marx fue perseguido en toda Europa por las cosas que escribía y decía, menos en Inglaterra. Allí lo recibieron como a cualquier otro inmigrante, y, como cualquier otro ciudadano, fue atendido en el Museo Británico, en donde hizo las investigaciones necesarias para escribir su obra magna, El Capital, en la que atacó al capitalismo británico y predijo su colapso. Los ingleses lo dejaron escribir y decir lo que quisiera, igual que a cualquiera. Pero jamás se hicieron comunistas.

Los seguidores de Marx, por otro lado, han reprimido la libertad de expresión en todos los lugares en donde han tomado el poder. Es porque, diferente a los capitalistas ingleses, no tienen confianza en que sus ideas predominarían en una competencia libre con las de otras tendencias.

*Esta columna fue publicada con anterioridad en el centro de estudios públicos ElCato.org.

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