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martes, 7 de junio de 2016

Sarmiento periodista/ Argentina

Daniel Eduardo PEREZ
Domingo Faustino Sarmiento fue uno de los más prominentes  protagonistas de nuestra Historia y ganó, como pocos, la justa fama de  hombre polifacético.

Su obra ha sido vastamente estudiada en sus diversas expresiones, así como  también -vale la pena recordarlo- olvidada durante largos períodos, es por ello que  el bicentenario de su nacimiento, es propicio para repasarla -en este caso- en uno de sus aspectos menos divulgados: la vertiente de la comunicación.
Sarmiento fue un periodista integral, un comunicador de ideas. En su vida  flameó el espíritu fundacional y visionario en muchas de las áreas del desarrollo de nuestra república, y,  pese a las polémicas que lo han  rodeado, ello le es reconocido indubitablemente.
Como hemos dicho, queremos hoy poner especial énfasis en su labor literaria, que lo ha convertido en uno de los escritores más importantes de habla hispana, reconociéndose en su “Facundo” una obra cumbre de la literatura de nuestra lengua. Pero hablar del escritor nos lleva necesariamente a su tarea periodística, que fue anterior a la de ser autor de libros.
“El diario es para los pueblos modernos lo que era el foro para los romanos”, sostenía Sarmiento, valorando especialmente la tarea en ese medio. Es entonces un buen ejercicio echar una mirada a las ideas de uno de los cimientos de la prensa argentina, en este siglo en que particularmente la tecnología ha sido una bisagra en las comunicaciones en general y en la prensa en particular.
El primer periódico que fundó fue “El Zonda”, en 1839, que inició la evolución del periodismo. “No hay en sus seis números, una sola disertación teórica. Todo él se compone de ini¬ciativas inmediatas, señalando ya un progreso sensible so¬bre la misma prensa de los hombres del Dogma” afirma Lugones.
Allí el sanjuanino  escribió: “Nos hemos propuesto escribir un periódico y por rudo que sea el lector no dejará de suponer que contamos con todas las cualidades necesarias para desempeñarnos con acierto. Vasto caudal de luces, literatura, sana crítica, miras elevadas, acendrado patriotismo, juicio recto, prudencia y algunos exigirán también protección, o al menos tolerancia de las autoridades, de todo lo que les daremos repetidas, e incontrovertibles muestras en nuestras páginas”, toda una declaración de principios.
Su relación con la prensa periódica fue vital, porque significaba para el Maestro de América un ámbito en el que se confrontaban las ideas en temas que, como la política, lo apasionaban.
Encontraba allí un arma útil para defender los proyectos que entendía eran merecedores de luchar por ellos, y, por otra parte, combatir a los que percibía como  funestos.
Su sentido de la comunicación es lo que hizo que su estilo fuese llano y sin preciosismos, sin rebuscamientos y por ello llegó más directamente al lector: «El espíritu de los escritos de un autor -dijo en "Recuerdos de provincia"- cuando tiene un carácter marcado, es su alma, su esencia. El individuo se eclipsa ante esta manifestación, y el público menos interés tiene en los actos privados que en la influencia que aquellos escritos han podido ejercer sobre los otros.»
En esas palabras expresa Sarmiento su secreto, porque al escribir entregaba su alma, volcando toda su humanidad en beneficio del prójimo  a través de la mejor comunicación.
Su etapa más fecunda como comunicador  fue durante su permanencia en Chile, pero no se agotó allí, en libertad, pudo satisfacer su deseo visceral de educar y formar al pueblo mediante la comunicación social por los periódicos, sin olvidar los ensayos, los libros y la enseñanza directa como docente. No obstante, el escritor no abandonó nunca su actividad periodística, ni siquiera en los momentos de plena entrega política
Resulta entonces  revelador de su pensamiento, el papel que otorgaba a la misma, cuando nos dice: “Soldado, con la pluma o la espada, combato para poder escribir, que escribir es pensar; escribo como medio y arma de combate, que combatir es realizar el pensamiento…”
Es que para él era un campo de intervención política, en el cual la palabra  se usaba como lo hizo el hombre griego en la plaza pública, para discutir cuestiones atinentes al bien común y a la felicidad de todos.
Para autores diversos, aún lejanos a su pensamiento, Sarmiento -con Juan Bautista Alberdi y José Hernández- es considerado el fundador del periodismo moderno en la Argentina de fines del siglo XIX.
Después de “El Zonda”, Sarmiento creó  el primer diario de Santiago de Chile: “El Progreso”, aparecido el 10 de septiembre de 1842. Pocos años después, en “La Crónica”, también en Chile, configuró definitivamente esta clase de publicación, que entonces se asemejaba todavía al folleto pues estaba destinada a su lucha contra Rosas.
Mientras llegaba el momento de activar la revolución moderna, fundó la prensa escolar con el Monitor de la Educación Común, legado inapreciable. Su último emprendimiento fue “El Censor”, que lo ubica entre los iniciadores de la más adelantada época del periodismo argentino. Entre la primera y la última de sus hojas periódicas, hay medio siglo de tarea ininterrumpida, mérito propio de su férrea voluntad.
“La prensa no son tipos de plomo. Es una virtud que se exhala en palabras” era una de las máximas de  Sarmiento periodista, máxima que sería bueno recordar más a menudo para reconocer los cimientos de la prensa argentina.
Dijo las cosas directamente, interesando a su lector en el valor intrínseco de las mismas y subordinando sus cualidades de escritor a este rasgo, aunque quizás en otro momento histórico,  habría hecho novela, aprovechando su prodigiosa memoria, fiel al colorido de los detalles, su inagotable imaginación constructora y su  arte de contar que integraban su rico bagaje.
Sarmiento fue un transformador de la prensa americana. Sus artículos,  conservaban el aspecto denso y la extensión -ahora excesiva- de los desarrollos doctrinarios, estaban compuestos de hechos y de ideas, artículos macizos que fueron la estructura de la nacionalidad futura.
Es por todo esto que resulta particularmente atractivo conocer su pensamiento acerca del periodismo. Para él  “Un periódico es pues todo, el gobierno, la administración, el pueblo, el comercio, la junta, el bloqueo, la patria, la ciencia, la Europa, el Asia, el mundo entero, todo. Un periódico es el hombre, el ciudadano, la civilización, el cielo, la tierra, lo pasado, lo presente, los crímenes, las grandes acciones, la buena o la mala administración, las necesidades del individuo, la misión del gobierno, la historia contemporánea, la historia de todos los tiempos, el siglo presente, la humanidad en general, la medida de la civilización de un pueblo.
Sólo los enemigos de la civilización y de las luces detestan las publicaciones de la prensa porque en ellas ven las luces que no tienen, que no quisieran que otros tuviesen; sólo los insensatos, los que por su desgracia o mala educación han formado el hábito de no pensar en su suerte, en la de sus hijos, en la de Patria, en la de la humanidad, sólo esos infelices hacen poco aprecio de las publicaciones de la prensa, es decir, de los sentimientos, de los trabajos, que todos sus hermanos del mundo le presentan, para que se labre su felicidad”.
Y agregaba en la misma dirección: “Por el diarismo el mundo se identifica… por el diarismo los individuos anuncian sus necesidades y llaman a quien puede satisfacerlas… el comercio se extiende, las noticias y datos que a sus medras interesan, se vulgarizan… en fin, el pueblo antes ignorante y privado de medios de cultura, empieza a interesarse en los conocimientos y gustar de la lectura que los instruye y los divierte, elevando a todos al goce de las ventajas sociales, y despertando talentos, genios e industrias que sin él hubieran permanecido en la oscuridad”.
Sarmiento, en fin, fue el hombre singular que en pleno siglo XIX llevó a cabo una espléndida revolución social con la utilización de una sola arma: la prensa.
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Daniel Eduardo PEREZ:
No Docente Facultad de Ciencias Humanas. Consejero Superior UNICEN. Escritor y periodista, columnista del mensuario "Tiempos Tandilenses".

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