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martes, 7 de junio de 2016

El "kirchnerismo prolijo" de Macri para salvar elecciones de 2017

Mauricio Macri cumple los 1ros 6 meses de su Gobierno con una agenda que hace erosionar su capital político: devaluación, aumentos de tarifas y fogonazos en los precios dominaron la parte inicial del “cambio”. No se trata de un menú que pueda garantizarle un buen desempeño en las elecciones del próximo año. Por eso dio un giro brusco para echar manos a un recurso que él mismo había intentado no usar: la expansión del gasto.


Falta un año para el cierre de las listas que competirán en las elecciones primarias del próximo año. Es el paso previo al reto electoral de octubre de 2017, el 1ero de Cambiemos como Gobierno Nacional. Será cuando Mauricio Macri plebiscitará la 1ra parte de su gestión y tanteará el humor social con el "cambio".
Aunque mantiene una imagen positiva que ronda los 50 puntos (y bajando), la consideración negativa se ubicaría apenas unos puntos por debajo, algo que sorprende a los mismo encuestadores. Es, básicamente, el efecto del tarifazo que condicionó el poder adquisitivo de la clase media (votante de Cambiemos) y puso en jaque a las pequeñas y medianas industrias que vieron crecer fuertemente sus costos con los aumentos en los servicios de luz y gas.
Hasta Margarita Barrientos, la humilde cabeza del comedor 'Los Piletones', pero aliada del macrismo, sintió el "fuego amigo": la quita de subsidios y el aumento del precio de kilowatt dispuesto por la gestión Macri llevó la última boleta de luz del centro de asistencia que le da de comer a 1.800 personas todos los días los $11.000.
Los 1ros meses  de "sinceramiento de la economía" se volvieron una pesadilla para los asalariados. Se levantó el cepo cambiario, necesario para reactivar el ingreso de dólares, pero a costa de una devaluación que elevó los precios antes del cierre de las paritarias. Lo mismo ocurrió con las tarifas, que tiene su propio correlato en la inflación.
Aún con este reordenamiento, las inversiones prometidas no llegan en la medida necesaria mientras la llegada del providencial "segundo semestre" se demoraría hasta el año próximo. Las consultoras ven una desaceleración de la inflación, que a fin de año llegaría a un nada desdeñable (en este contexto) 2%. Pero no ven hasta la 1ra parte de 2017 un efecto de rebote en la actividad. Esto lo reconoció la misma vicepresidente Gabriela Michetti.
El tema es qué tan entrado en el año electoral se dará la reactivación y si la misma redundará en un buen desempeño en las urnas. Es una preocupación que viaja diariamente de la Casa Rosada a la quinta de Olivos, y viceversa. La inquietud inspiró un cambio de estrategia. Entonces, el manual económico del "cambio" sufrió tachaduras y nuevas anotaciones a pie de página.
Dentro del PRO (es decir, macrismo desprovisto de la UCR y Elisa Carrió) se oyen voces quejándose de tal o cual ministro que subestimó la situación y creyó que con un par de movimientos el reino de los cielos de la bonanza económica golpearía la puerta. Citan, por ejemplo, que aunque se levantó el cepo, se corrigieron tarifas y se acordó con los holdouts, la tasa de crédito sigue siendo muy alta (del orden del 8%). Más baja que en los años K, pero el doble de lo que puede conseguir, por ejemplo, el socialismo anti-imperialista de Evo Morales en Bolivia.
Así Mauricio Macri llegó a los 1eros 6 meses de mandato: la economía sigue en recesión; la inflación será este año más alta que la que dejó el kirchnerismo; el tarifazo exacerbó el mal humor de la clases media, y en la clases más desprotegidas la subas de precios de alimentos hacen su parte.
En este escenario el volantazo se hizo imprescindible. Apareció así el pago de juicios a los jubilados y la incorporación de una pensión universal para los trabajadores pasivos, hayan o no realizado aportes. Es una jugada de miles de millones de pesos que apunta a inyectarlos en el consumo. Otro tanto aportará la reactivación de la obra pública, que el macrismo jura y perjura que sus efectos en la economía se verán antes de que termine el año (por algo tomaron velocidad vertiginosa las ejecuciones presupuestarias, parsimoniosas hasta hace poco). 
El consumo se habría erigido nuevamente como el tótem que fue durante el kirchnerismo y que corrió a través de desembolsos estatales –al menos en esta etapa- al sagrado inversor.
Esta expansión del gasto –rechazada por la ortodoxia macrista- repercutirá en un crecimiento del déficit fiscal, cuya reducción era una de las metas propuestas por el equipo económico. Pero aparece como el único instrumento posible para darle cierto impulso a la economía en el corto plazo y de cara al desafío electoral del año que viene. El corto plazo es un concepto que Macri se propone a desterrar por emparentarlo con el kirchnerismo, que se gastó todo lo que había sin importar de dónde debía salir.  Pero la realidad política lo llevó a echar mano a ese recurso. Algunos lo acusan de practicar un “kirchnerismo prolijo”.


Fuente: Urgente24.com

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