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jueves, 5 de mayo de 2016

El arte de posguerra en España no fue un páramo

El Museo Reina Sofía revisa en una exhaustiva exposición, con más de un millar de piezas, la creación en los años 40 y desmonta tópicos sobre esta etapa


1939. Acaba la Guerra Civil española. Desfilan los derrotados camino del exilio, fotografiados por Robert Capa. Pero hay otro desfile bien distinto, el de la Victoria, con el que los soldados del bando nacional sacan pecho. Sonla cara y la cruz de una España partida en dos. Así comienza el relato de esta necesaria revisión de la posguerra española desde las artes plásticas y la arquitectura. Un periodo gris, duro, áspero, complejo, al que apenas se había prestado atención hasta la fecha, pues había quedado atrapado en una especie de agujero negro entre dos momentos muy fértiles: el arte durante la República en los años 30 y el de los 50.

María Dolores Jiménez-Blanco ha llevado a cabo un riguroso e impecable trabajo de investigaciónde más de tres años, en el que, advierte, tan sólo ha sacado a flote la punta del iceberg. Explica la comisaria que, pese a ser «un tiempo marcado porel miedo y el silencio», no fue un páramo ni un desierto cultural, sino que hubo creatividad, experimentación y contribuyó a la modernización de nuestro país. El eclecticismo es la nota dominante del panorama artístico de la posguerra, donde conviven clasicismo y modernidad, tradición y vanguardia, en la pintura de Vázquez Díaz, Caballero, Gutiérrez Solana y unos jóvenes Saura y Tàpies; en la escultura de Ferrant y Oteiza... «No hay protagonistas. Es unaexposición muy coral, con muchas conexiones y donde todo se cruza», comenta Jiménez-Blanco.

La muestra, cuyo título se ha tomado de una obra de Max Aub, «Campo cerrado», ocupa la tercera planta del edificio Sabatini. Es abrumadora e inabarcable en una sola visita. Acabas exhausto en el intento. Son más de 1.000 obras, cedidas por un centenar de colecciones y archivos. Hay muchomaterial inédito, obras compradas expresamente por el museo para la ocasión, descubrimientos... Como el «Retrato del embajador Juan Francisco Cárdenas», de Dalí, del que no se supo nada durante tres décadas y que apareció por sorpresa en la galería Thomire-Raphaël Roux de París. Dalí incluyó en el cuadro el Monasterio del Escorial y una escena de «La rendición de Breda» velazqueña.

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