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lunes, 18 de abril de 2016

El futuro de la medicina de la mano de los nano-robots



El químico Samuel Sánchez contempla constituir en 2017 una 'start up' con los proyectos de nano-robots en los que trabaja en el Instituto de Bioingeniería de Cataluña.
Limpiar con nano-robots en forma de tubo y del tamaño de una bacteria las aguas contaminadas de tanques en países menos desarrollados donde el agua es un bien escaso. Utilizar estos dispositivos microscópicos en forma de esfera -producidos a base de platino, agua oxigenada y enzimas, entre otros-, en el ámbito de la medicina como vehículo de cápsulas que contienen el fármaco de tratamientos contra el cáncer.
Éstos son dos de los proyectos con nano-robots en los que está trabajando el químico Samuel Sánchez Ordoñez (1980) y su equipo en el Instituto de Bioingeniería de Cataluña (Ibec), en Barcelona, donde también es el profesor investigador más joven de los 250 docentes del Icrea, entidad catalana de investigación y estudios avanzados.
Samuel Sánchez en el laboratorio que tiene en el Instituto de Bioingeniería de Cataluña (Ibec) en Barcelona.  EXPANSION
El químico de origen andaluz, reconocido con el Premio Fundación Princesa de Girona a la Investigación Científica 2015, cuenta con el apoyo de la Unión Europea que le otorgó el ERC Starting Grant, valorado en 1,5 millones de euros. Entre los premios que ha recibido está el de innovador de menos de 35 años del año 2014, otorgado por la prestigiosa MIT Technology Review.
"NO VAMOS A LIMPIAR EL MAR, PERO SÍ UN TANQUE EN UN LUGAR DONDE HAY POCA AGUA O LAS TUBERÍAS DE CASA"
"Ahora hay que trabajar muy duro para demostrar que esto es bueno", explica Sánchez. A corto plazo, el proyecto del agua es comercializable y existen dos empresas interesadas, dice. A su juicio, las ventajas están en que se puede reducir el coste y es posible la producción de masiva de nanorobots.

MEDICINA

En el campo sanitario, el químico tiene claro que "en medicina ya se sabe todo, no vamos a inventar nada nuevo". No obstante, los nano-robots prometen ser el futuro de la medicina. Para Sánchez el objetivo es ir más rápido y actuar de forma más local. Por ello, los nano-robots se inyectarían en el paciente de forma intravenosa o por vía oral.
"EN EL SECTOR CIENTÍFICO HAY MUCHA COMPETENCIA PERO SE DEBERÍA DE COLABORAR MÁS, CADA UNO DEBE BUSCAR SU NICHO"
En este sentido, el siguiente paso sería comprobar que el nano-robot "se puede mover en cualquier cuerpo y hacer pruebas con animales, para comprobar que son compatibles con las personas", argumenta el jefe de grupo de investigación del Max Planck Institute for Intelligent Systems, de Suttgart (Alemania).
El tema legislativo relacionado con los animales o los pasos a seguir en biomedicina son trámites que -a juicio del investigador-, retrasan la evolución de la investigación.
El profesor del Ibec no descartaría trasladarse a otro país si hubiera trabas burocráticas para el desarrollo de su proyecto. "La clave es colaborar", opina Sánchez. Otra de las cuestiones que está en el aire es "ver qué cantidad de fármaco es necesaria que contenga cada cápsula del nano-robot", explica. Además, las cápsulas del nano-robot deben ser de un material biodegradable para que las absorba el cuerpo del paciente una vez realizada su función de trasladar el fármaco, añade.

DE IDEA A EMPRESA

SÁNCHEZ HA RECIBIDO EL INTERÉS DE EMPRESAS FARMACÉUTICAS Y POSIBLES INVERSORES
Éste es un tema de interés para algunas empresas farmacéuticas, que buscan este tipo de vehículos para trasladar sus medicinas y que se han puesto en contacto con Samuel Sánchez. El investigador trabaja sobre una idea pero de cara al año que viene contempla la posibilidad de crear una empresa. "Hemos recibido propuestas de crear una start up porque sino, no podemos recibir financiación privada", manifiesta. Hasta el momento, el proyecto se financia sólo con fondos europeos. "Tengo dinero para dos años aproximadamente", calcula este investigador.

LOS ORÍGENES EN EL LABORATORIO DEL COLEGIO

Samuel Sánchez reconoce que su curiosidad e inquietud por el mundo de los biosensores le viene de pequeño. Todo empezó -recuerda el químico- cuando "a los 14 años, en el colegio, nos llevaron a un laboratorio; quedé impactado con que solo de mezclar determinados líquidos salieran otros de distintos colores", explica. Pese a sacar una mala nota en la selectividad, entró en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) donde sacó matrícula de honor en el laboratorio. Tras hacer un Erasmus en Holanda y finalizar su doctorado en la UAB, el investigador ha trabajado en el Center for Young Scientists en Nims (Japón), el Institute for Integrative Nanosciences IFW Dresden y también fue seleccionado para participar en el Nobel Laureate Meeting-Chemestry en Lindau (Alemania). "Aprendí muchísimo de lo bueno y de lo malo: ahora sé lo que debo hacer y lo que no", dice Sánchez. El profesor de Icrea hace hincapié en la necesidad de colaborar tras haber vivido la competencia que hay en el sector científico. "Hay gente con falta de confianza y automestima que no te ayudará", dice el investigador. "Hay que colaborar, si eres bueno da igual, cada uno debe de buscar su nicho", argumenta.

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