La vida contemporánea es inconcebible sin la energía nuclear. La sociedad no puede renunciar a las plantas nucleares, pero debe hacerlas absolutamente seguras. Los 25 años que han pasado desde la catástrofe de Chernóbil es un trágico motivo para retomar una vez más este tema.
En Kíev, capital de Ucrania, tuvo lugar una conferencia internacional dedicada al accidente de Cernóbil. Sus organizadores que la habían concebido mucho tiempo atrás, no se imaginaban que el foro abordaría no solo los temas de Chernóbil. Todos estaban seguros de que el mundo jamás volvería a sufrir una tragedia así. Los sucesos en la planta nuclear japonesa Fukushima 1 demostraron que se trataba de un optimismo infundado.
El secretario general de la ONU Ban Ki-moon dijo, al intervenir en la conferencia, que el problema clave es la vunerabilidad de los reactores nucleares frente a los fenómenos naturales. ¿Se pordrá protegerlos adecuadamente? Al contestar esta interogante, los participantes del foro destacaban lo más importante: la seguridad de las personas. Es todavía prematuro apreciar los los efectos del accidente en Fukushima 1. Pero ya está claro que las trágicas enseñanzas de Chernóbil han sido bien estudiadas y aprendidas, dice el primer ministro de Francia, Francois Fiyón:
El accidente de Fukushima 1 no nos ha hecho revivir la tragedia de hace 25 años, debido a la rapidez con que el gobierno japonés acordó la evacuación de las personas y tomó las precauciones para impedir el acceso de los trabajadores de la planta a las zonas de elevada radiactividad. También merece ser mencionada la movilización internacional para prestar a nuestros amigos japoneses el material necesario para las medidas de evaluación pericial y protección.
Los accidentes de Chernóbil y Fukushima se unen en la clasificación mundial bajo la definición de “principales averías nucleares”. Pero son casos incomparables. Entre otras cosas, porque la fuga de radiación a la atmósfera en Fukushima no ha sobrepasado el 10% de la contaminación radiactiva en Chernóbil.
Al mismo tiempo, ambos casos han demostrado cuán drásticas pueden ser las consecuencias de errores técnicos y la subestimación de los peligros naturales.
No hay nación que pueda solucionar por sí sola las catástrofes de tan gran envergadura. “La seguridad nuclear no tiene fronteras”. Esta frase sirvió de lema a la conferencia de tres días en Kíev, donde las naciones integrantes del programa de Chernóbil donaron 550 millones de euros para la construcción de un nuevo sarcófago sobre el reactor destruido. “Si creen que era fácil recoger este monto, están tremendamente equivocados”, comentó a periodistas el presidente de Ucrania Viktor Yanukovich. A pesar de los numerosos problemas económicos que sufren algunos países y la crisis financiera mundial, casi nadie se negó a donar dinero al la Fundación “Protección”.
Otro lema del foro fue “La seguridad está por encima de todo”. Los países líderes de la energia nuclear - Rusia, Estados Unidos y Francia - consideran que el uso del átomo con fines pacíficos puede ser absolutamente seguro. Muchos compaten esta opinión.
La seguriad nuclear será el tema central en la conferencia ministerial del OIEA programada para el próximo verano. Los accidentes de Chernobil y Fukushima seguirán siendo comentados por los principales medios de comunicación mundiales durante mucho tiempo.

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