Google+ Followers

sábado, 25 de junio de 2016

España se juega todo este domingo

Los españoles no sólo se juegan mañana quién va a gobernar y con qué apoyos, sino también la continuidad de la recuperación económica. Un giro radical supondría dar marcha atrás a las reformas de los años pasados, lo que daría al traste con la creación de empleo e incluso podría sumir al país en recesión. Además, el crecimiento y las inversiones también se frenarían si la situación de ingobernabilidad se mantuviese la próxima legislatura.
Las elecciones que se celebran mañana son, probablemente, las más importantes de las últimas cuatro décadas. España no sólo se juega quién la va a gobernar y con qué apoyos sino, también, la capacidad de estos para tomar decisiones. Y, como consecuencia de esto, se juega la continuidad de la recuperación económica. Algunos analistas alertan de que, incluso, está en jaque el modelo económico, debido a que determinadas propuestas que se plantean podrían hacer que España se deslizase por esa "pendiente resbaladiza de la planificación centralizada" frente a la que avisaba Friedrich Hayek.
El último año, entre el primer trimestre de 2015 y el primer trimestre de 2016, la actividad económica nacional ha crecido a un ritmo del 3,4%, se han creado 574.800 puestos de trabajo y la tasa de paro se ha reducido hasta el 21% de la población activa, un descenso de hasta cinco puntos respecto a los niveles registrados hace apenas tres años. Sin embargo, este panorama no siempre ha sido tan favorable durante la crisis y, dependiendo de lo que pase mañana, es posible que tampoco lo siga siendo en el futuro.
Un Gobierno de Podemos podría frenar el PIB al 1,7% o, incluso, sumir al país en recesión
En los últimos meses de 2015, España perdió 6.500 millones en inversiones por la incertidumbre
Atrás quedan años de las intensas reformas que han sido precisamente el germen de un crecimiento vigoroso (el mayor entre los grandes países de la UE y el doble que la media de la eurozona): el sistema financiero, la regulación laboral, las Administraciones Públicas, las pensiones, la educación, el sector energético, los impuestos... Por delante, la incertidumbre sobre si podrá mantener el timón de las reformas para arreglar los flecos y rematar las que quedan pendientes, o si se empezarán a desmantelar antes de que puedan dar todo su fruto.
Todos los expertos coinciden en que el gran peligro del 26-J es Podemos. Los grandes bancos de inversión internacionales alertan de que un gobierno liderado por Pablo Iglesias provocará un frenazo de las decisiones de consumo e inversión, lo que reducirá drásticamente el crecimiento del PIB. Morgan Stanley va incluso más allá y subraya que la formación morada "puede llevar a España a una recesión". Además, el Instituto de Estudios Económicos alertó esta semana de que España podría crecer un 3% el próximo año "con las políticas adecuadas", pero que el avance podría reducirse al 1,7% con las medidas que propone Podemos, a pesar de que la inercia hasta la fecha es muy positiva. Esto supondría la creación de 240.000 empleos menos de los previstos. Además, los vientos de cola que han impulsado la economía estos años (el precio del petróleo, la política monetaria o la rebaja fiscal) se empezarán a diluir en 2016, lo que haría más peligroso un frenazo.
Sin embargo, un escenario político fracturado también deja abiertos otros desafíos, como son la estabilidad del Ejecutivo o su operatividad para sacar adelante una nueva ola de reformas, necesaria para que el impulso al crecimiento no se agote. Por ejemplo, la reforma laboral ha ayudado a crear más de un millón de empleos en los últimos dos años, pero es necesario dotar de más flexibilidad a los empresarios y clarificar las causas de despido y de modificación de las condiciones de contrato para evitar la judicialización del mercado laboral y dar seguridad jurídica a los inversores.

Desplome de inversiones

Además, un escenario en el que Podemos sea clave para lo gobernabilidad, aunque no participe en el gobierno, dispararía las dudas de empresarios y consumidores, que retrasarían sus decisiones de consumo e inversión como han hecho en los últimos meses. Por mucho que la incertidumbre sea un concepto manido, sus efectos sobre el crecimiento son muy profundos. En los últimos meses del año pasado, el país dejó de atraer 6.500 millones de euros en inversión extranjera debido a las dudas sobre la formación de un futuro Gobierno.
Lo mismo sucede con el mercado laboral que, aunque sigue funcionando a pleno pulmón, ha mostrado síntomas preocupantes. Por ejemplo, en enero y febrero hubo una avalancha de ERE por miedo a que una eventual contrarreforma laboral por parte de PSOE y Podemos encareciera los despidos más adelante. Además, la prima de riesgo se ha disparado en los últimos meses. Si semanas antes de las elecciones del 20 de diciembre el diferencial sobre el bono alemán rondaba los 100 puntos básicos, ayer tocó los 180 puntos tras conocerse el resultado del referéndum británico, superando el nivel de Italia. Esto se debe, claramente, al riesgo político, ya que el crecimiento español es más sólido que el italiano y el volumen de deuda, mucho menor.
La actividad económica portuguesa ya está en retroceso tras siete meses de gobierno de izquierdas
Una subida de la prima de riesgo, como la lusa, costaría 4.200 millones de euros en intereses
Es cierto que estos niveles quedan muy lejos de los que se alcanzaron en verano de 2012, cuando Mario Draghi prometió hacer "lo que fuera necesario para salvar al euro", y que los tipos de interés están aplanados precisamente por la compra de bonos por parte del BCE. Sin embargo, también es verdad que las reformas del PP y las subidas de impuestos, han sido decisivas para que el país evite una situación de insolvencia y para que la prima de riesgo haya dejado de ser el marcapasos del presidente. Por eso, no se puede descartar que el diferencial con el bono alemán no vuelva a dispararse, como ha pasado, por ejemplo, en Portugal. El índice de desconfianza sobre el país vecino ha pasado de 175 antes de las últimas elecciones generales a tocar los 366 puntos en junio, tras la formación de un Ejecutivo socialista con el apoyo de comunistas y populistas.
No es casualidad que el crecimiento se empezara a frenar en Portugal a principios de año, poco después de la constitución del nuevo Ejecutivo, y que en mayo la actividad ya entrara en terreno recesivo, tras tres años en positivo. Durante estos meses, el Ejecutivo portugués ha tratado de desarrollar una banca pública y ha revertido las medidas de austeridad que le han sido posibles. De hecho, su último gran logro ha sido recortar la jornada laboral a los funcionarios a 35 horas a la semana con el mismo salario, lo que le obligará a gastar cerca de 200 millones de euros en nuevas contrataciones.
Los beneficios de que los tipos de interés están en mínimos no se pueden obviar, ya que han supuesto un ahorro de cerca de 10.000 millones de euros en intereses en los últimos años. Sin embargo, la situación no es irreversible y una subida del calibre de la portuguesa en España elevaría el coste de financiación del Tesoro en cerca de 4.200 millones de euros en apenas un año. Con ello, haría que los aumentos de gasto que proponen los partidos de izquierda quedaran en agua de borrajas, ya que los nuevos intereses se comerían todo el aumento presupuestario.
El gran problema de los programas de Unidos Podemos y, en menor medida, el PSOE, es que ambos proponen medidas muy concretas para elevar el gasto y, a cambio, subidas de impuestos muy difusas que (sobre el papel) tienen un efecto extraordinario, pero que en la práctica no se suelen producir. La coalición liderada por Pablo Iglesias se lleva la palma, ya que pretende gastar al final de la legislatura más de 125.000 millones de euros. Para ello, prevé elevar el IRPF en 10.000 millones (lo que exigiría elevar el tipo impositivo al 75% a partir de 60.000 euros), duplicar los ingresos por la lucha contra el fraude, subir un 60% el Impuesto de Sociedades, así como los de Sucesiones y Patrimonio e introducir un IVA de lujo. El resto quedaría a merced de una flexibilización masiva de los objetivos de déficit.
Otra medida clave de Unidos Podemos es la subida del Salario Mínimo hasta los 1.108 euros mensuales, lo que supondría un alza del 45% respecto a los niveles actuales. Los nuevos socialdemócratas creen que, cuando suban los sueldos, se elevará también el consumo, lo que impulsará la contratación. Sin embargo, si los empresarios no pudieran pagar estas cantidades, tendrían que despedir a los miles (o millones) de trabajadores cuya productividad no basta para justificar estas cifras.
Muchos expertos dudan de la viabilidad de este programa. Dudan, por ejemplo, de que quienes más cobran vayan a quedarse en España a ver cómo les esquilman. O de que vayan a seguir comprando "sus yates" en España, cuando fuera pagarían la mitad de impuestos. O de que los mercados no vayan a exigir una mayor rentabilidad a la deuda España cuando el déficit se vuelva a incrementar. O dudan de que muchos españoles vayan a querer incorporrarse al mercado laboral cuando les ofrecen una renta por no hacer nada. Sin embargo, este programa viene avalado por 177 economistas, la mayoría de los cuales ya dieron su aprobación al programa de Syriza de enero de 2015, que llevó a Grecia al corralito en cinco meses.

La factura de la luz

Por otro lado, una coalición de izquierdas también podría incluir muchas medidas en otros ámbitos con importantes desventajas. Por ejemplo, la apuesta por las renovables que plantea el PSOE podría incrementar el precio de la luz como ya sucedió a lo largo de las dos legislaturas de Rodríguez Zapatero. Entonces, el incremento fue del 65%, por lo que una nueva subida de este calibre dejaría a las empresas españolas a la cola de todos los ránkings de competitividad. Además, el cierre de las nucleares que plantea Podemos causaría una subida adicional del precio del 30%.
El programa de Unidos Podemos está avalado por 177 economistas que ya respaldaron el de Syriza en 2015
Reinstaurar la banca pública podría acabar en otro agujero como el último, que costó 66.000 millones
Asimismo, la reinstauración de la banca pública podría suponer repetir la mala gestión de los años previos a la crisis, que generaron un agujero de 66.000 millones de euros que luego hubo que tapar con dinero público. Y revertir la reforma de las pensiones también es prácticamente inviable, cuando las previsiones demográficas dicen que los mayores de 65 años van a pasar de suponer el 18,2% de la ciudadanía ahora al 38% en 2064. Por eso, Alemania, con muchos menos problemas para pagar las pensiones que España, ya tiene previsto retrasar la edad de jubilación hasta los 73 años. Por último, una coalición de izquierdas podría desarbolar la Ley Orgánica de Estabilidad Presupuestaria, que obliga a que los ayuntamientos del cambio sigan sujetos a la disciplina en el gasto aunque no cabe duda de que a todos los gustaría disparar sus presupuestos. Otras ocurrencias, como el referéndum para todo, ya se están demostrando una completa equivocación en Reino Unido. Los economistas calculan que el Brexit podría costar hasta un 9,5% del PIB británico, un efecto mayor que el de la crisis financiera.
Además de todas estas propuestas que están sobre la mesa actualmente, quedan las temeridades esbozadas por Podemos en las elecciones al Parlamento Europeo, en 2014. Desde entonces se han desdicho del impago de la deuda, de la salida del euro, de la nacionalización de sectores clave (banca, energía, prensa, telecomunicaciones), de la jubilación a los 60 años, del salario máximo... Sin embargo, muchos empresarios podrían recordar estas propuestas y tener miedo de un Ejecutivo liderado por Iglesias, lo que podría provocar un desplome de las inversiones. Lo mismo les podría suceder a muchos inversores en deuda española.
Todo esto está en juego mañana. El 20 de diciembre, los ciudadanos no pidieron pactos, sino que dieron una prórroga a los españoles para revisar los efectos de las políticas que van a votar. Y, sobre todo, para escarmentar en la cabeza ajena de griegos, portugueses y británicos. Ahora queda por ver para qué ha servido y si realmente ha cambiado el sentido del voto.

No hay comentarios: