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martes, 10 de mayo de 2016

Qué es el Estatismo y cómo nos afecta/

El estatismo


El estatismo es la visión de que todo el poder político y económico en la sociedad debe concentrarse en un gobierno altamente centralizado que controle la toma de las decisiones y todos los aspectos de la vida. El estatismo sostiene que el gobierno es la única fuente de moralidad y del derecho, que el individuo no posee derechos soberanos y que el estado de derecho debe ser reemplazado por la arbitraria regencia de una minoría rectora, fuera del control del derecho consuetudinario o la tradición. Como tal, el estatismo crea una verdadera sociedad de amos y esclavos y es otro término para el totalitarismo.


El estatismo asume numerosas formas y hay una variedad de ideologías colectivistas que han sido empleadas, como el fascismo, el corporativismo, el comunismo, la teocracia, etc. Sin embargo, todas las formas de estatismo consisten en esa clase política minoritaria gobernante que impone normas sobre el resto y las hace cumplir a la fuerza. Para ganar y conservar el poder, estos sistemas controlan toda la información a través de la propaganda de los medios controlados por el estado, el gobierno de un partido único, el culto de la personalidad del líder y el nacionalismo, el control sobre la familia y la economía, la restricción de la palabra, la vigilancia masiva, el empleo generalizado del terror y la represión de los opositores.


Un lema popular de Mussolini y los fascistas era "todo para el estado, nada fuera del estado, nada contra el estado." C. S. Lewis trazó una clara distinción entre la importancia de la libertad individual y el peligro del totalitarismo. El eminente filósofo y ensayista inglés sostenía que el individuo no era un medio sino un fin en sí mismo. Dios creó al hombre proveyéndolo de libre albedrío. Por lo tanto, no es razonable creer que podía ser poseído por otros sino que es un agente libre con sujeción a la ley natural divina y responsable ante el Creador por sus propias decisiones. Siendo la fuente de toda bondad, verdad y belleza, Dios desea que todas las personas lo busquen. Pero para hacerlo, deben tener la libertad de elegir entre el bien y el mal.


Lewis estaba profundamente interesado en las ideas e instituciones que sirvieron de base para los individuos y las comunidades libres y virtuosas. Era profundamente escéptico del poder de los políticos y el gobierno, como lo expresó en su poema "Lines during a general election:" "Sus amenazas son terribles, pero se pueden soportar. Son sus promesas las que traen desesperación."


Lewis advirtió también sobre la unión del poder político y técnico en el estado. Afirmaba que la ciencia debía ser una búsqueda de conocimientos, y su preocupación era que la ciencia moderna es utilizada a menudo como una búsqueda de poder por parte de algunos sobre los demás: "Hoy en día le temo a los especialistas en el poder porque son especialistas que hablan más allá de sus temas específicos. 


Dejemos que los científicos nos hablen acerca de la ciencia, pero el gobierno involucra cuestiones sobre lo que es bueno para el hombre y la justicia, y qué cosas vale la pena tener y a qué precio; y sobre esto una formación científica no le confiere a la opinión del hombre ningún valor agregado." Lewis se oponía a lo que llamaba el "cientificismo," advirtiendo que una ciega contracción a la ciencia y a la técnica podría despojar a la humanidad de los verdaderos aspectos por los cuales la valoramos: la libertad, la compasión y la felicidad. Este tema fue rescatado luego por Charles Chaplin en "El Gran Dictador." 


El siguiente es un extracto del histórico discurso final de esa obra: "Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos apresado a nosotros mismos. El maquinismo, que crea abundancia, nos ha dejado en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos. Nuestra inteligencia, duros y desconsiderados. Pensamos demasiado, sentimos muy poco. Más que máquinas, necesitamos humanidad. Más que inteligencia, tener gentileza y bondad. Sin estas cualidades, la vida será violenta y todo estará perdido." 

¿Han llegado a lograr su cometido las ideologías estatistas? Indefectiblemente, no. Los regímenes totalitarios cayeron uno tras otro. Es en el proceso de instaurarlas, o de intentar instaurarlas por parte de sus propulsores, que se han cometido los más grandes crímenes y aberraciones de los que se tenga memoria en la historia. 


La libertad confía en el individuo, en su capacidad de dirigir su propia vida frente a cualquier pretensión de imposición gubernamental. La posibilidad de elegir es el factor que habilita el desarrollo del potencial humano. La idea de la libertad es el derecho del ser humano a ejercerla, pero más allá de eso, la tesis de que el ejercicio de ese derecho redunda en el bien común. La función del estado, entonces, no es instaurar la felicidad, sino que cada persona tenga la posibilidad de construir su felicidad. El individuo, como se ha dicho, no es un medio sino un fin en sí mismo. El estado, por el contrario, no es un fin en sí mismo sino un medio para llevar adelante la voluntad popular expresada en elecciones libres y periódicas. Thomas Jefferson decía que el pueblo tiene el derecho de rescindir el poder de un gobierno si éste no cumplía con su voluntad. Esa es la diferencia entre el fin y el medio, el  individuo y el estado, y la razón por la que el estatismo es intrínsecamente inmoral: intenta invertir, en realidad pervertir, dicha ecuación.

Publicado por Alejandro Gudesblat 

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