En un año en el que el dólar ha reinado indiscutiblemente sobre las divisas de los mercados emergentes, la notable excepción ha sido el yuan, que Beijing ha permitido que se aprecie casi un 2,5% este año. Esto supone el cuarto año consecutivo de pequeño pero estable crecimiento.
Este ritmo se ha acelerado durante los últimos días, como también se ha acelerado el ritmo de los operadores que invierten en yuanes, que sienten el cambio numerológico, a medida que la divisa china avanza hacia un tipo de cambio que comienza con el dígito 5.
Los factores que impulsan al yuan son varios: el superávit comercial de China hasta noviembre creció un 17% en términos interanuales, lo que se traduce en US$234.000 millones que China debe absorber. Por otro lado, casi US$100.000 millones se han inyectado en la economía china entre agosto y octubre mediante compras netas de divisas extranjeras por parte de bancos chinos. En los tres meses previos, las compras ascendieron sólo a US$193 millones.
El telón de fondo para la reciente apreciación del yuan es el indicio de una reforma financiera y la percepción de que el crecimiento se ha estabilizado. La agenda fijada por el Partido Comunista en su pleno de noviembre confirmó cambios del sistema bancario, incluso la posibilidad de permitir con el tiempo que los tipos de los depósitos se ajusten a la demanda del mercado en lugar de que el Estado las fije.
Ya están aumentando los tipos a medida que sube la rentabilidad de los bonos y de los préstamos interbancarios. Además, los responsables de política monetaria anunciaron el fin de semana que permitirán a los bancos emitir certificados de depósitos negociables.
Para sacar provecho de esta situación, las compañías y los operadores chinos piden dinero prestado en el extranjero y lo traen a casa, a veces de manera ilegal utilizando facturas falsas. Los reguladores advirtieron el domingo de que combatirán este tipo de flujos de dinero "especulativo", aunque este tipo de esfuerzos ha tenido efectos limitados en el pasado.
Muestra de la confianza de Pekín al dejar que su economía se ralentice es que está permitiendo la apreciación del yuan, en lugar de intervenir. Eso debería ser una señal para los inversionistas.
Con el tiempo, la ralentización del crecimiento podría cambiar la dirección de los flujos de capital y provocar que los gestores de divisas de China permitan una depreciación del yuan, como ya sucedió durante unos meses a mediados de 2012. Pero por ahora, en un mundo de fortaleza del dólar, el yuan va por libre.
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