Por NICHOLAS HASTINGS
LONDRES (Dow Jones)--¿Crisis? ¿Qué crisis?
Mientras la mayor parte del resto del mundo continúa preocupado sobre la posibilidad de un inminente final para el euro, Estados Unidos, o al menos los consumidores estadounidenses, parecen ser inmunes a todo ese asunto.
Un sondeo publicado el viernes pasado por la Universidad de Michigan mostró que la confianza de los consumidores creció a su nivel más alto desde octubre de 2007, un hecho extraordinario cuando la confianza en el resto del mundo ha estado cayendo.
Esto ciertamente es una prueba de cuán aislado puede estar Estados Unidos.
Sin embargo, en este caso, ser inmune a los problemas que enfrenta el resto del mundo podría no ser algo malo, tanto para Estados Unidos como para el dólar.
Es justamente este tipo de fortaleza en la confianza de los consumidores lo que hace falta para ayudar a Estados Unidos a lograr la recuperación que necesita la economía mundial.
Durante meses, la recuperación en Estados Unidos ha estado tambaleando.
Los niveles de empleo han estado creciendo, pero no tan rápidamente como se esperaba.
Como resultado de ello, así como por el deterioro de la situación en Europa, la Reserva Federal de Estados Unidos se ha mantenido a la espera para inyectar un mayor expansionismo monetario si fuera necesario, y evitar de esa manera que la economía caiga en recesión.
No obstante, los datos de la confianza sugieren que la economía podría estar lista para comenzar a crecer nuevamente por sí sola.
La caída de los precios del petróleo, que se traduce en menores precios en las estaciones de gasolina, así como una mejoría en el mercado de viviendas, están ayudando a los consumidores a sentirse menos faltos de dinero.
La clave, por supuesto, sigue siendo el empleo.
Después de dos meses de pequeños y decepcionantes aumentos, las expectativas apuntan a que las nóminas que se publicarán este viernes muestren un incremento mayor a la proyección bastante modesta de 150.000.
Esto ciertamente proporcionaría un impulso adicional a la confianza de los consumidores y calmaría los temores de que la economía estadounidense está cayendo nuevamente hacia una recesión.
De todas formas, no será un camino fácil.
Otros datos bien podrían demostrar ser menos alentadores. Una segunda lectura del PIB del primer trimestre podría revisar el crecimiento a la baja del 2,2% al 1,9%, mientras que el último sondeo de manufacturas del ISM podría mostrar un retroceso.
Sin embargo, por el momento, la Fed sigue estable y es poco probable que modifique su postura expansionista a menos que los problemas de la zona euro dejen de amenazar los mercados financieros mundiales.
Como Estados Unidos aún es el único punto destacado en la economía mundial, el dólar continuó, y es posible que continúe, beneficiándose.
A finales de la semana pasada, el índice del dólar subió a su nivel más alto desde septiembre de 2010, mientras que las cifras de la Bolsa Mercantil de Chicago mostraron que las posiciones especulativas a largo sobre la moneda estadounidense aumentaron a su nivel más alto desde mayo de 2008.
Por ello, cada vez más, parece que en tanto los consumidores estadounidense puedan ignorar la crisis del otro lado del Atlántico, y proporcionen la demanda suficiente para impulsar su propia economía, es más que probable que el dólar seguirá en ascenso, incluso si la Fed sigue preparada para expandir la política nuevamente.
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