martes, 29 de marzo de 2011

CRISIS EN MEDIO ORIENTE ► Se profundizan protestas en Yemen

Por Cynthia Johnston y Mohammed Ghobari
SANA (Reuters) - Los manifestantes yemeníes que exigen el derrocamiento del presidente Ali Abdullah Saleh dijeron el martes que insistirían en que abandone pronto el poder, culpándolo por la violencia que aumentó los temores de Estados Unidos de que el caos termine beneficiando a los militantes.
Una serie de explosiones en una fábrica de armas el lunes dejaron más de 100 muertos en un pueblo del sur del país donde los islamistas parecían haber expulsado a las fuerzas del Gobierno, un recuerdo de la inestabilidad que los aliados occidentales de Saleh temen en el estado árabe pobre.
La cadena de televisión Al Arabiya dijo que la cifra de muertos podría elevarse a unas 150 personas.
En los últimos días, algunos vecinos dijeron que las fuerzas de seguridad habían abandonado el pueblo de Jaar, escenario de los enfrentamientos. Los gobernadores de las provincias de Jawf y Saada, en el norte del país, se habían ido, temiendo enfrentamientos con tribus que no respaldaban al presidente.
En el centro de Yemen, el gobernador de Maarib fue apuñalado tras intentar dispersar una protesta este mes.
Saleh, que se ha mostrado alternativamente conciliador y desafiante, ha prometido en público no hacer más concesiones a los opositores que le exigen que dimita después de 32 años de Gobierno autoritario.
Los manifestantes dijeron que consideraban sospechosa la retirada de las autoridades y la seguridad en algunas zonas.
"Saleh quiere asustarnos a nosotros y al mundo con el caos, que él ha iniciado en algunas zonas", dijo Ali Abdelghani, de 31 años, un funcionario que protestaba entre miles de personas en Saná.
"Pero somos capaces de desenmascarar este juego. Hay comités populares en todas las provincias para proporcionar seguridad mientras el presidente ha retirado la seguridad en algunos sitios para que se propague el caos", agregó.
RIESGO DE DESINTEGRACION
Saleh, un perenne sobreviviente de guerras civiles y extremismos, ha dicho que Yemen podría entrar en un conflicto armado y fragmentarse en líneas regionales y tribales si abandona el cargo inmediatamente.
Washington y el aliado estadounidense y vecino Arabia Saudí han visto tradicionalmente a Saleh como un hombre fuerte que evita la extensión de Al Qaeda en un país que muchos ven cercano a la desintegración.
El brazo yemení de Al Qaeda se atribuyó un intento frustrado a finales del 2009 de volar un avión que se dirigía a Detroit, y de cuatro bombas con destino a Estados Unidos enviadas en octubre del 2010.
"Somos optimistas sobre el éxito de nuestra revolución. Es sólo una cuestión de tiempo", dijo Marwan Hussein, un estudiante de 18 años. "Salimos a las calles para que Saleh se fuera del poder y no aceptaremos que se quede ni un mes más", agregó.
Las conversaciones directas para mediar una transición de Saleh a sus opositores parecían haberse estancado. El partido en el poder recomendó la formación de un nuevo Gobierno para elaborar una Constitución antes de elecciones parlamentarias y presidenciales anticipadas.
"Los que están hambrientos de poder (...) deberían acudir a las elecciones en lugar de al caos, y llegarán al poder si tienen la confianza del pueblo", dijo Saleh a sus seguidores el lunes.
El acuerdo, de alcanzarse, implicaría probablemente la dimisión de Saleh y el general Ali Mohsen, un pariente y antiguo aliado que desertó y luego envió tropas a proteger a los manifestantes.
Los hijos y familiares cercanos del presidente también abandonarían sus cargos en un acuerdo, pero el lado de Saleh quiere garantías de que no serían procesados. No estaba claro si permanecerían en Yemen, pero esa era una opción.

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