domingo, 13 de marzo de 2011

Desde pequeños los japoneses se educan para enfrentar tragedias

“Cuando estalló el terremoto, yo estaba trabajando en la fábrica. En ese momento, mi nena, de 15 años, estaba sola en casa. Me dijo que se empezaron a abrir las cajoneras y a temblar todo. Se tuvo que esconder debajo de la mesa. En la escuela le enseñan eso dos veces al año. Una para saber qué hacer en incendios y otra para saber qué hacer en terremotos”, relata a ClarínEmilia Nahara, una argentina que vive con su familia en Japón hace 20 años.
Para los japoneses, este tipo de reacciones ante la adversidad, aún en los niños, es una cuestión cultural. Dado que Japón se encuentra en una de las zonas con mayor actividad sísmica del planeta, es uno de los países mejor preparados para hacer frente a los efectos catastróficos de un terremoto. Esto sirvió no sólo para reducir la cantidad de muertos, sino también para disminuir los daños materiales del sismo de este viernes. Uno de los frentes en los que invierte el gobierno para reaccionar ante un evento de este tipo es en sistemas de alerta. Cuando se produce un terremoto, la televisión pública NHK difunde cuál es su magnitud y dónde es el epicentro.
Por otra parte, el país nipón cuenta con un Sistema de Alarma de Tsunamis desde 1952, uno de los más sofisticados del mundo. El mismo emite una señal de advertencia mediante altavoces en menos de 3 minutos desde que se produce el terremoto. Esto explica por qué cuando algunos argentinos llamaron a sus familiares en Japón, muchos ya habían evacuado su zona de residencia.
Pero quizás sea la educación de la ciudadanía el mejor modo de prevención ante las catástrofes. En las escuelas los alumnos aprenden, mediante simulacros, que deben cubrirse debajo de su pupitre en caso de un sismo. Eso es lo que hicieron el viernes y también se pusieron los cascos que tienen en su armario.
Los adultos, por otra parte, conocen cuál es el centro de evacuación más cercano a sus casas, que puede ser desde un parque hasta una instalación deportiva.
“También se dan cursos en los lugares de trabajo, y las familias siempre tienen en sus casas una mochila equipada con una linterna, comidas enlatadas y todo lo que puedan llegar a necesitar pase lo que pase . No es que sea una hazaña, es lo común”, cuenta Cristina Konda, una argentina que sufrió el temblor “de cerca” por su familia en Japón.