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viernes, 15 de julio de 2016

El asesino de Niza siguió lecciones de terrorismo impartidas por Isis en la web

En la matanza de Niza, que ha costado la vida a al menos 84 personas -diez de ellas niños-y causado 202 heridos -52 de ellos se debaten entre la vida y la muerte-, se cruzan todas las crisis de Francia, a través de la personalidad del asesino y de las circunstancias del ataque, propagando una inmensa ola de inquietud, incertidumbre y pánico contenido.


Mohamed Lahouaiej Bouhlel, el conductor del camión frigorífico que irrumpió contra la multitud que celebraba la fiesta nacional del 14 de julio, en el emblemático Paseo de los Ingleses, la avenida más legendaria de la Costa Azul, desde hace un siglo, era un tunecino afincado en Francia, beneficiándose de un estatuto administrativo privilegiado, padre divorciado de tres hijos, mal integrados en una Francia víctima de unos suburbios convertidos en pudridero nacional.

Ni el presidente François Hollande, ni el fiscal del Estado, François Molins, han podido explicar o documentar las posibles relaciones del asesino con alguna célula yihadista francesa o extranjera. La matanza de Niza se consumó siguiendo los «modelos» que Daesh y Al Qaida propagan a través de internet, «invitando» a todos los musulmanes «piadosos» a matar y morir matando, si es necesario, para «regar con sangre infiel las calles de las ciudades occidentales».

«Pudridero» en en sur de Francia
Conductor profesional, con un carnet de conducir en regla, el asesino pudo alquilar un camión frigorífico y provocar una matanza, siguiendo el «modo de empleo» difundido por los portavoces yihadistas en internet. Los suburbios de la Costa Azul están considerados desde hace años como un «pudridero» donde proliferan humanas «flores carnívoras» que los servicios de seguridad no consiguen extirpar desde hace años.

El presidente Hollande, su primer ministro, Manuel Valls, y su ministro del Interior, Bernard Cazeneuve, lanzaron este viernes numerosos mensajes de luto, reclamando la «unidad nacional», desde Niza y desde París, a través de todas las cadenas de radio y televisión. Pero, a la misma hora, los mismos canales recordaban la alarmante impunidad con la que pudo actuar un torvo personaje fichado por la policía, pero «jamás sospechoso de yihadismo criminal».

Mohamed Lahouaiej Bouhlel, el asesino, era conductor profesional, instalado en Francia con documentación oficial, había sido condenado por varios delitos y altercados violentos. Pero pudo alquilar sin dificultad un camión frigorífico y podía conocer la geografía urbana de Niza con la precisión de un profesional del transporte. Pudo saltarse con violencia todos los controles policiales, a lo largo de más de dos kilometros, dejando tras de sí un rastro de sangre y seres humanos despedazados.

Daesh y Al Qaida no necesitaron reivindicar la matanza de Niza, «felicitándose» por ese atroz rastro de sangre, dejando en suspenso su «invitación» a otros musulmanes a tomar iniciativas del mismo tipo.

Escenario «ideal»
Según fuentes policiales, en Francia existen varios centenares de musulmanes integristas capaces de actuar en cualquier momento con «eficacia» utilizando coches o camiones. El caso arquetípico de Mohamed Lahouaiej Bouhlel, en Niza, moviéndose como pez en el agua por unos suburbios mal controlados por los servicios de seguridad, confirma las dudas de fondo de los especialistas: Niza y la Costa Azul son un escenario «ideal», una «vitrina cosmopolita» para las bandas de asesinos yihadistas que vagan errantes por la tierra de la «banlieue».

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